En ¡Tan lejos, tan cerca!, Wim Wenders recupera su poética de lo urbano con la finalidad de sintetizar, supongo, una historia que intenta funcionar como una secuela de Las alas del deseo (Wenders, 1987), además de metaforizar las inquietudes filosóficas y sociopolíticas tras la caída del muro de Berlín. Las dos largas horas me hacen razonar lo necesario como para saber que esta representa uno de los tropiezos en la filmografía del director alemán. A pesar de contar con una actuación decente de Otto Sander, es una secuela que Wenders presenta como un ejercicio estético bastante pretencioso, que se desploma como un ángel caído con su narrativa dúctil y circular sobre la condición del alemán en el contexto de la reunificación. Su argumento sigue la existencia de Cassiel, un ángel que vuela sobre lo alto de la Puerta de Brandeburgo en la ciudad berlinesa para observar y escuchar los pensamientos en la vida de las personas junto a su amiga Raphaella, llegando incluso a visitar a su viejo compañero Damiel; pero cuya travesía cambia después de salvar a una niña, en un acto de compasión que lo lleva a abandonar su inmortalidad para convertirse en hombre de carne y hueso. En términos generales, esta premisa es algo original porque aterriza con cierto realismo mágico las claves de la baja fantasía que pretende continuar la exploración de la fragilidad humana. El problema fundamental, sin embargo, es que el guion no se toma la molestia de desarrollar a Cassiel más allá de las descripciones nimias que funcionan para impulsar el conflicto por inercia, a menudo reduciendo sus acciones a encuentros superfluos con la gente y a diálogos de presunción filosófica, sin profundizar en la psicología interna de este para mantenerlo divagando en una serie de escenas rutinarias que nunca pierde la circularidad situacional. En este sentido, me invade la sensación de que no hay sutileza por la carga expositiva que se coloca por encima de las visitas de Cassiel a la pizzería de su amigo Damiel; el descenso de Cassiel a la holgazanería, el crimen y el alcoholismo en las calles; el trabajo sucio de Cassiel al laborar para un empresario que es traficante de armas y distribuidor ilegal de pornografía. La estructura es particularmente errática al alternar entre las secuencias dramáticas contemplativas y las subtramas gansteriles. Wenders no consigue mantener el equilibrio entre lo poético y lo concreto. Pero, además, no logra trascender el nivel de la ilustración sociológica porque, entre otras cosas, subraya el asunto bajo una síntesis discursiva rebuscada sobre la condición socioeconómica del sujeto alemán presuntamente alienado por los vicios de la occidentalización, entendido como el hundimiento ético-moral de un ángel que literalmente cae en el infierno de la sociedad capitalista en la que abunda la criminalidad, el consumismo y el individualismo que renuncia a la otredad. Ésta reflexión sobre la unidad alemana, por desgracia, me parece intelectualmente deshonesta porque muestra de forma determinista y maniquea un solo costado de lo que algunos llaman posmodernidad, expuesto con torpeza y sin rigor. Al margen de este discurso, la interpretación de Sander aporta dignidad al rol de Cassiel con su registro expresivo, pero su personaje carece de complejidad como para tomar su desdicha en serio. Nastassja Kinski permanece subutilizada, reducida a una presencia etérea. Desde el punto de vista formal, Wenders suele encuadrarlos en puesta en escena que deposita algunas de sus virtudes estéticas en el uso alternado entre el color y el blanco y negro, el campo-contracampo, el sonido diegético interno subjetivo, las panorámicas de los escenarios urbanos y, ante todo, el uso del encuadre móvil que aprovecha el plano secuencia fotografiado por Jürgen Jürges para dinamizar la atmósfera con una cámara que aparenta flotar sobre el cielo. Estos elementos, desafortunadamente, no consiguen elevar la propuesta por las nubes y hacen que, en últimas instancia, la secuela se precipite al vacío entre tanta digresiones filosóficas.
Streaming en:
Título original: Faraway, So Close! (In weiter Ferne, so nah!)
Año: 1993
Duración: 2 hr. 20 min.
País: Alemania
Director: Wim Wenders
Guion: Wim Wenders, Richard Reitinger, Ulrich Zieger
Música: Graeme Revell, David Darling, Laurent Petitgand
Fotografía: Jürgen Jürges
Reparto: Otto Sander, Bruno Ganz, Nastassja Kinski, Willem Dafoe, Heinz Rühmann, Peter Falk, Lou Reed, Mijaíl Gorbachov
Calificación: 5/10






