Sin miedo a la muerte es una película de James Fargo que
constituye, por defecto, la tercera entrega de la popular saga policíaca
protagonizada por Clint Eastwood. A diferencia de la antecesora
Magnum 44
(Post, 1973), que era algo mecánica en sus pretensiones, esta tiene algunas
escenas que se benefician de la presencia de Eastwood como el inspector duro
de San Francisco, pero siento que su narrativa a veces se vuelve algo
irregular y predecible cuando persigue las fórmulas convencionales del cine
policial, dejando el rastro de unos resultados desiguales que le impiden tener
alto impacto y evidencian, además, los claros síntomas de fatiga en la
franquicia.
En esta ocasión, la trama sigue al inspector Harry Callahan cuando intenta resolver un caso homicidio provocado por la violencia de una organización terrorista de extrema izquierda conocida como Fuerza de Ataque Revolucionaria del Pueblo, mientras trata de ajustarse a las normas del Departamento de Policía de San Francisco y de colaborar con Kate Moore, una inspectora novata que es asignada como su nueva compañera.
En general, la premisa se establece sobre la fórmula del thriller de acción y el cine policial de pareja que se conoce de la franquicia, caracterizada por emparejar a dos investigadores de personalidades opuestas y métodos de trabajo radicalmente distintos. El problema fundamental, sin embargo, radica en que el guion adolece de debilidades estructurales que, por añadidura, estropean el desarrollo de los personajes más allá de las convenciones del género y, a menudo, opta por mostrar acciones que se resuelven con facilismos en un par de situaciones formulaicas que anticipo entre las conversaciones, las persecuciones y los tiroteos.
Dicho de otro modo, la trama pierde gradualmente su punto tenso al presentar las discusiones de Callahan con sus jefes luego de responder a un asalto y usar su pistola para matar a los ladrones en una licorería; los actos violentos de los terroristas para robar las armas que utilizan en su agenda revolucionaria; las investigaciones de Callahan sobre el robo de armas en las pone en duda la capacidad de Moore para actuar en situaciones peligrosas; la suspensión de Callahan como policía por su comportamiento indisciplinado; el llamado del deber en el que Callahan mata a los malos con su pistola en mano para rescatar al alcalde secuestrado en la prisión abandonada de Alcatraz.
Las secuencias de acción muestran tiroteos violentos y hasta persecuciones en los tejados, pero por alguna extraña razón siento que carecen de la fuerza necesaria para resultar atrapantes, a menudo por la repetición de tropos que conduce la narrativa por los lugares comunes del género mediante estereotipos: el héroe suspendido, los superiores ineptos, la compañera torpe, los villanos psicopáticos sin matices (aquí veteranos de Vietnam radicalizados). La trama se siente en ocasiones alargada, con escenas que parecen relleno para extender el metraje.
A pesar de esto, consigo recibir el carisma que proyecta Eastwood al interpretar de nuevo a Callahan como un policía honesto, cínico y con mirada que mata antes de demostrar su pericia física apuntando con su pistola, aunque su personaje solo cumple funciones descriptivas que no van a ninguna parte. Tyne Daly, por su parte, introduce una dinámica notable al interpretar a Moore como una mujer que provee algo de alivio cómico para mostrar el lado machista del protagonista a través de una relación que luego evoluciona hacia el respeto mutuo, añadiendo credibilidad a la representación femenina dentro del género policial de la época.
La dirección de Fargo busca imitar las ecuaciones de Harry el sucio (Siegel, 1971) al incorporar secuencias de acción y tiroteos violentos en zonas urbanas que sirven, asimismo, para encuadrar un comentario sobre la burocracia policial y el activismo radical de los años 70. Este enfoque proporciona momentos regulares de acción y crítica social sin pretender excesiva complejidad, pero, desgraciadamente, no es suficiente para ofrecer algo que haga que esta secuela sea interesante.
Streaming en:
Título original: The Enforcer
Duración: 1 hr 36 min
País: Estados Unidos
Director: James Fargo
Guion: Stirling Silliphant, Dean Reisner
Música: Jerry Fielding
Fotografía: Charles W. Short
Reparto: Clint Eastwood, Tyne Daly, Harry Guardino, Bradford Dillman, John Mitchum
Calificación: 6/10










