La trama se ubica en la California mexicana de principios del siglo XIX y sigue a Don Diego Vega, un joven aristócrata educado en España que regresa a casa para encontrar su tierra oprimida por el corrupto gobernador Don Luis Quintero y el temible capitán Esteban Pasquale, a los cuales enfrenta por las noches adoptando la identidad secreta de Zorro, un vengador enmascarado que lucha por los campesinos y desafía a los tiranos.
En general, esta premisa sencilla sirve como base para establecer el conflicto sobre las fórmulas habituales del cine de acción y la aventura de capa y espada, donde el héroe emplea sus habilidades con las armas y su ingenio para enfrentar a los villanos. El guion, por añadidura, se toma el tiempo necesario para desarrollar la psicología del protagonista sobre el juego de identidades, además de colocarlo en una serie de situaciones que guardan su factor sorpresivo detrás de los diálogos irónicos y la misión personal de Zorro como luchador de la justicia.
De este modo, permanezco completamente enganchado en cada una de las escenas donde se muestra las actividades nocturnas en las que el Zorro combate contra los soldados antes de dejar su marca en forma de Z y subir la recompensa por su notoriedad; el plan del alcalde corrupto y su oficial para tratar de descubrir la identidad de El Zorro; el romance entre Diego y la hija del alcalde llamada Lolita; las discusiones de Diego con el fraile Felipe antes de revelarle su identidad; las maniobras astutas de El Zorro para robar el dinero de los abusivos impuestos cobrados por el alcalde y devolvérselo a los pueblerinos.
En todas las escenas, Mamoulian combina la acción trepidante —saltos, duelos, persecuciones— en medio de un equilibrio narrativo que retiene cierta fluidez y ritmo para cohesionar el relato, además de procurar una comentario particularmente sutil sobre la injusticia, la corrupción burocrática y la ética del heroísmo.
A pesar de ligeros facilismos, el asunto preserva su pulso por la actuación de Power en el rol protagónico. Su carisma natural brilla tanto en la faceta de Don Diego, un galán encantador y sarcástico que roba risas con su fingida debilidad, como en la de Zorro, un espadachín ágil, audaz y romántico; demostrando además su pericia física para las escenas del combate de esgrima que ponen de manifiesto su agilidad con la espada. Basil Rathbone, por su parte, interpreta al capitán Pasquale como un antagonista elegante, cruel y letal, que demuestra también una destreza particular para la esgrima. Ambos actores se lucen en la climática secuencia del duelo a muerte donde sus personajes chocan los sables con una coreografía tensa de maestría y movimiento.
En este sentido, la dirección de Mamoulian logra encuadrar a sus actores en una puesta en escena que, por defecto, deposita sus virtudes en el diseño de vestuario, los decorados de la época, el primer plano, el plano panorámico, el sonido diegético y las atmósferas que se benefician de la iluminación encuadrada por la cámara de Arthur C. Miller. Mamoulian también permite que la banda sonora de Alfred Newman se destaque con su leitmotiv sinfónico. Estos elementos, en última instancia, hacen de su película un entretenimiento bastante sólido y memorable del cine clásico.
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Título original: The Mark of Zorro
Duración: 1 hr 34 min
País: Estados Unidos
Director: Rouben Mamoulian
Guion: John Taintor Foote, Garrett Fort, Bess Meredyth
Música: Alfred Newman
Fotografía: Arthur C. Miller
Reparto: Tyrone Power, Linda Darnell, Basil Rathbone, Gale Sondergaard, Eugene Pallette, J. Edward Bromberg
Calificación: 7/10






