La trama sigue a Elise, una mujer misteriosa que arrastra a un turista estadounidense llamado Frank a un laberinto de engaños, persecuciones y secretos en la Venecia; acto que se desata cuando ambos son buscados por la organización criminal de un mafioso y los agentes de un servicio de inteligencia.
En general, la narrativa trata de estructurar esta premisa sobre las fórmulas del cine romántico y el thriller internacional de espías, donde un hombre y una mujer se conocen en un tren mientras coquetean de manera sofisticada y esconden sus respectivos pasados antes de experimentar los peligros de unos agentes enviados para capturarlos.
El problema fundamental, sin embargo, es que el guion descuida el desarrollo de los personajes más allá de la descripción de obviedades detrás de sus motivaciones y, a menudo, suele reducir sus acciones a un abanico de situaciones previsibles que se debilitan entre los diálogos cutres y los clichés que mantienen el asunto en una inercia expositiva.
En este sentido, la propuesta abandona cualquier pretensión de construir suspense al mostrar las conversaciones entre Elise y Frank en los hoteles de lujo venecianos; los planes del villano genérico para secuestrar a un tal Alexander Pearce para recuperar los 2300 millones de dólares que le ha robado; la vigilancia de los policías ineptos sobre Elise para dar con el paradero de Pearce y recobrar los 744 millones de libras en impuestos atrasados; las persecuciones que obligan a Elise y a Frank a huir por los canales venecianos para evitar la captura. Entre estas escenas, hay coqueteo, tiroteos, persecuciones, traiciones, mentiras, identidades falsas y un sinnúmero de tropos malgastados del thriller internacional, pero todo se reduce a una sucesión de trivialidades y elegancia vacía, como si toda la película fuera un anuncio comercial de perfumes de Dior. Básicamente, la narrativa avanza a trompicones, con giros predecibles y explicaciones tontas.
Lo más alarmante, a mi modo de verlo, es la falta de química que hay entre Jolie y Depp, que aparecen completamente desaprovechados, como si estuviesen cumpliendo con obligaciones contractuales. Jolie mantiene su habitual aire de diosa inaccesible, pero interpreta a un personaje plano, sin el magnetismo peligroso y sin ningún rastro de psicología interna, quedando solo como una figura cosmética que aparece por coincidencia en el último minuto para ayudar a su cómplice. Depp, por su parte, parece perdido en un personaje indefinido: un hombre ordinario que de pronto se ve envuelto en una conspiración, pero al que el actor interpreta con una mezcla de desgana y manierismo que no convence ni como víctima ni como posible héroe, mucho menos con su expresión permanente de despistado. Nada de lo que les pasa a ellos me preocupa.
Técnicamente, la dirección de Von Donnersmarck se preocupa por depositar algo de belleza ornamental a través del vestuario, los decorados de escenarios y las atmósferas que transmiten un aire artificial de sofisticación y cosmopolitismo europeo. Pero, por desgracia, solo entrega aquí un ejercicio de estilo particularmente vacuo, sin gancho, que se hunde lentamente como una góndola en un canal y que, además, me hace dudar de la eficacia que mostró anteriormente en su ópera prima, La vida de los otros (2006).
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Título original: The Tourist
Duración: 1 hr. 43 min.
País: Estados Unidos
Director: Florian Henckel von Donnersmarck
Guion: Julian Fellowes, Christopher McQuarrie, Florian Henckel von Donnersmarck, Jérôme Salle
Música: James Newton Howard
Fotografía: John Seale
Reparto: Johnny Depp, Angelina Jolie, Paul Bettany, Timothy Dalton, Rufus Sewell
Calificación: 4/10






