Godland es una película islandesa que supone, entre otras cosas, el
tercer largometraje del director Hlynur Pálmason. Tiene una duración
excesivamente larga que, en dos horas y media, me obliga a razonar lo suficiente
como para saber que es igual de regular que
Un blanco, blanco día
(Pálmason, 2019) porque, a pesar de ciertas virtudes estéticas encontradas en
sus atmósferas naturalistas nórdicas, su narrativa es algo dúctil y atraviesa
terrenos comunes que debilitan su síntesis discursiva sobre las contrariedades
de la fe luterana, la fragilidad humana y el colonialismo religioso en la
Islandia decimonónica, dejándome con la sensación de que casi no hay nada relevante para
aprender detrás de sus asuntos sobre el presunto orden social secularizado. Su
trama, ambientada a finales del siglo XIX, sigue la existencia de Lucas, un
sacerdote danés que es enviado a un pequeño pueblo islandés en las montañas con
el propósito de tomar fotografías para supervisar la edificación de una iglesia
parroquial, pero cuya travesía a caballo lo coloca en la senda del calvario una
vez que es atormentado por cuestiones que ponen a prueba su fe y su moral
religiosa; mientras choca violentamente con un campesino desconfiado llamado
Ragnar y lleva una relación secreta con una mujer llamada Anna. En términos
generales, la narrativa parte de esta premisa para estructurar la historia del
cura bajo las nomenclaturas usuales del drama de época sobre religión, en el que
se suele mostrar las dudas de un párroco que profesa los preceptos religiosos
mientras entra en conflicto interno con su propia naturaleza humana. El problema
fundamental, no obstante, es que el guion de Pálmason no le concede desarrollo
psicológico a las motivaciones que sustentan las acciones de Lucas y los demás
personajes, puesto que opta por mantenerlos ubicados en un espacio de
situaciones rutinarias que, a menudo, quedan estancadas en la circularidad
expositiva que renuncia lentamente a la profundidad dramática ante la
imposibilidad de ajustar sus dimensiones internas lejos de las obviedades
descriptivas de la superficie del relato. Las escenas tienden a reducirse a
diálogos al aire a libre, que suceden entre el largo viaje por la pradera y la
visita al poblado de devotos con la finalidad, dicho sea de paso, de construir
un discurso sobre el sufrimiento y la hipocresía de la fe, entendido como la
pérdida de creencia de un padre sinuoso que, detrás de los silencios, cruza a su
antojo la delgada línea de los pecados a través de la sexualidad reprimida, el
desprecio hacia el prójimo incrédulo y la imposición religiosa, en un entorno
hostil de gente ortodoxa que castiga a los extranjeros. Este discurso es
interesante hasta cierto punto, pero Pálmason comete el error de no plantear
suficientes interrogantes para añadirle sustancia al barullo maniqueo que
demoniza la institución tradicional del sacerdocio y blanquea la violencia de la
comunidad campesina. A pesar de estas debilidades, la interpretación de Elliott
Crosset Hove me resulta algo convincente cuando utiliza la mirada y los gestos
para comunicar el colapso espiritual del sacerdote aunque su personaje sea
unidimensional. Ingvar Eggert Sigurdsson, en cambio, se roba casi todas las
escenas con su destreza física y expresiva para interpretar al ayudante
servicial y agresivo. Ambos le sirven a Pálmason para poner de manifiesto sus
herramientas estéticas en una puesta en escena que, por añadidura, emplea
correctamente la elipsis, el fuera de campo, el plano fijo, el diseño de
vestuario, el primer plano, el uso del encuadre móvil y, ante todo, las
panorámicas que captan con tonalidad fría los amplios paisajes campestres con la
lente de 35mm de Maria von Hausswolff que subraya su poesía visual en cascadas
imponentes, llanuras volcánicas y nieblas eternas que simbolizan la
insignificancia del ser humano. La banda sonora, de igual modo, es decente con
su leitmotiv de cuerdas. Todo lo demás, dentro de su rigidez estructural,
permanece estacionado en un drama irregular y austero sobre los límites de la
fe.
Ficha técnica
Título original: Godland (Vanskabte Land)
Año: 2022
Duración: 2 hr. 23
min.
País: Islandia
Director: Hlynur
Pálmason
Guion: Hlynur Pálmason
Música: Alex Zhang Hungtai
Fotografía: Maria von
Hausswolff
Reparto: Elliott Crosset Hove, Ingvar
Eggert Sigurdsson, Victoria Carmen Sonne, Jakob Ulrik
Lohmann, Ída Mekkín Hlynsdóttir
Calificación: 6/10