Finis Terrae

Finis Terrae es una película muda del cine impresionista francés que, en cierta medida, refleja la poética del realismo fotogénico de Jean Epstein, distanciada de los horizontes estéticos previamente establecidos por La caída de la casa de Usher (1928). Funciona como un drama realista que, debajo de la simplicidad del relato mudo sobre pescadores, manifiesta con cierta sobriedad la aproximación documental y lírica de la estética Epstein, logrando escenas de marcado realismo que se vuelven emotivas con un reparto de actores no profesionales. Su trama se centra en cuatro hombres que parten hacia la desolada isla de Bannec para recolectar goémon durante la temporada estival y venderla a buen precio en el mercado, pero sus vidas cambian cuando los dos pescadores más jóvenes, Ambroise y Jean-Marie, se pelean por una botella de vino rota que desencadena una crisis —una herida infectada en el pulgar de uno y el prejuicio del otro que piensa que le ha robado su cuchillo— que interrumpe la jornada del trabajo cuando uno de ellos cae enfermo; mientras en la isla de Ouessant las madres viudas de los jóvenes, preocupadas por una columna de humo lejana, piden ayuda a un médico del faro para que vaya al islote tan pronto como baje la marea. En lo particular, esta premisa narrativa tiene un inicio interesante que, con sencillez, se estructura como un drama emparentado con el documental al mostrar la rutina diaria de los pescadores en la playa. El guion ajusta el desarrollo de los personajes a un epicentro situacional que, a menudo, reduce sus acciones al conflicto interpersonal que debe resolverse, pero sirve adecuadamente porque se toma la libertad de colocarlos en escenas impredecibles, además de que consigue estructurar sus motivos a través del entorno y de los intertítulos que arrojan información sobre su pasado. A través de un montaje paralelo que cohesiona la narración a un ritmo parsimonioso, las escenas dramáticas se presentan como un documental reconstruido, interpretado por los propios habitantes de la región: pescadores y recolectores de algas que no actúan, sino que, más bien, reviven su existencia cotidiana. Epstein alterna ritmos lentos y contemplativos con aceleraciones súbitas en la métrica de las escenas, creando una temporalidad intersubjetiva que evoca el estado psicológico de los personajes atrapados por la incertidumbre y la fragilidad humana frente a la inmensidad del mar, además de construir un discurso dialéctico sobre la relación del hombre y la naturaleza, desde la perspectiva de unos muchachos que aprenden el valor de la cooperación mutua con su fuerza de voluntad. Pero, asimismo, imprime aquí su concepto de fotogenia, esa cualidad única del cine que permite revelar la esencia poética de lo real mediante lo filmado, experimentado bajo una serie de dispositivos estéticos como el uso del ralentí, la elipsis, el sonido inaudible, el campo-contracampo, el fuera de campo, el plano subjetivo, la sobreimpresión, el picado-contrapicado, el sobreencuadre, el primer plano y, ante todo, las atmósferas magnificadas por el gran plano general de los paisajes costeros en los que el ser humano aparece diminuto en un ecosistema que lo supera ampliamente. Lejos de buscar el virtuosismo técnico por sí mismo, el director emplea recursos formales con una precisión que, entre otras cosas, añade autenticidad a su capa de realismo áspero y onirismo marítimo, obligando a que uno mismo contemple en cada plano los detalles que normalmente escapan a la mirada cotidiana como el movimiento de las olas, el dedo cortado, las miradas de los rostros o el gesto de una mano; donde el mar deja de ser mero fondo para convertirse simbólicamente en un organismo vivo, dotado de respiración propia, mientras las rocas inmutables contrastan con la fluidez incesante del agua. Todos estos elementos constituyen, en última instancia, un testimonio conmovedor de la fotogenia como experimento formal que, en su síntesis imagética, encuadra literalmente el fin de la tierra y el comienzo de una forma de mirar el mundo.



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Ficha técnica
Título original: Finis Terrae
Año: 1929
Duración: 1 hr 20 min
País: Francia
Director: Jean Epstein
Guion: Jean Epstein
Música: N/A (muda)
Fotografía: Joseph Barthes, Goesta Kottula 
Reparto: Gibois, Jean-Marie Laot, Malgorn, François Morin, Ambroise Rouzic
Calificación: 7/10

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¡La novia!

¡La Novia! es una película que supone, en cierta medida, el segundo largometraje de Maggie Gyllenhaal como directora tras La hija oscura (2021) y que, además, intenta combinar propiedades de Frankenstein de Mary Shelley y la película La novia de Frankenstein (Whale, 1935) con la tragedia de Bonnie y Clyde. Sus atributos genéricos me inducen a razonar lo suficiente como para saber que, dicho sea de paso, posee algo de originalidad reinventando la historia de la novia del monstruo, pero, desafortunadamente, su melodrama de terror gótico me resulta insulso y enormemente aburrido, en dos horas eternamente largas que dilapidan un reparto estelar encabezado por Jessie Buckley y Christian Bale. Su trama, ambientada en el Chicago de los años 30, sigue a una mujer rubia que, luego de ser asesinada por gánsteres y posteriormente reanimada en el laboratorio de la doctora Euphronius, establece una relación amorosa bastante tóxica con Frankenstein, el monstruo solitario que solicita su creación para tener una compañera que llene su vacío afectivo; donde ambos cometen asesinatos en una metrópoli de misóginos y, además, son buscados por un detective que investiga su ola de crímenes. En general, su narrativa es algo original al mezclar las fórmulas del romance gótico oscuro, el terror de monstruos, el thriller policial y el cine gansteril, adornado con guiños al cine clásico pre-Code de Hollywood. El problema fundamental, no obstante, es que el guion no desarrolla a los personajes lejos de las descripciones nimias y, a menudo, opta por mostrar sus acciones sobre una capa de situaciones predecibles que nunca abandona los diálogos expositivos ni la violencia gratuita. De este modo, permanezco en completo lapso de abulia al observar la radicalidad de La Novia como una mujer atrevida que desafía a los hombres con su verborrea y rebeldía femenina; la emasculación de Frankenstein como un hombre inseguro que depende de La Novia para tomar decisiones; los pensamientos en el inconsciente de La Novia que despiertan su instinto misándrico; la obsesión cinéfila de Frankenstein por las películas del famoso actor Ronnie Reed; el romance extraño entre La Novia y Frankenstein como amantes trágicos que desencadenan violencia por donde pasan. Todas las escenas se mantienen, por añadidura, en una circularidad que le quita cohesión interna al conflicto, y lo sustituye por una falta de ritmo que hace que el asunto se vuelva pesado entre tantas subtramas innecesarias. Además, solo tratan de metaforizar un comentario sobre el sexismo, la emancipación femenina y la violencia contra la mujer, pero entendido como el viaje emancipatorio de una mujer independiente y rebelde que, tras recibir abusos de los machistas y sexistas, se rebela desde la marginación para ejercer su autonomía contra las normas tradicionales patriarcales que cosifican la voluntad femenina. Este discurso, que busca denunciar la agresión sexual, es demasiado superficial como para tomarlo en serio cada vez que reitera su agenda feminista sobre empoderamiento y opresión. Las actuaciones no salvan el atropello. Buckley, asistida por maquillaje, entrega una interpretación comprometida, que amplifica su registro expresivo con la mirada y el monólogo, pero su personaje —una amalgama de víctima y furia vengativa— carece de complejidad. Bale, por su parte, ofrece un Frank caricaturesco y exagerado que roza lo ridículo con el maquillaje de prótesis que acentúa su aspecto grotesco, aunque la caracterización se reduce a gruñidos y expresiones rebuscadas sin profundidad. El resto del elenco, con Jake Gyllenhaal y Penélope Cruz, solo rellena escenas. Con ellos, Gyllenhaal adopta un estilo deliberadamente discordante que, entre otras cosas, goza de un vestuario estrafalario, de un diseño de producción que recrea la época con atención al detalle y de unas atmósferas visuales que subrayan el panorama caótico de los escenarios urbanos entre luces, sombras y colores. La música de Hildur Guðnadóttir, de igual modo, se incorpora decentemente con su leitmotiv de violines. Estos elementos, por desgracia, son insuficientes para añadir sustancia a su reinvención fatigosa sobre la esposa loca del monstruo.



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Ficha técnica
Título original: The Bride!
Año: 2026
Duración: 2 hr 06 min
País: Estados Unidos
Director: Maggie Gyllenhaal
Guion: Maggie Gyllenhaal
Música: Hildur Guðnadóttir
Fotografía: Lawrence Sher
Reparto: Jessie Buckley, Christian Bale, Peter Sarsgaard, Penélope Cruz, Annette Bening, Jake Gyllenhaal
Calificación: 5/10
Nuremberg

Núremberg, el segundo largometraje del guionista y director James Vanderbilt tras Conspiración y poder (2015), es una película que pone de manifiesto aquel cine histórico de la vieja escuela, como se hacía hace algunos diez años antes de la debacle cultural de Hollywood. Intenta, en cierta medida, revisar políticamente la historia del juicio de Núremberg, basándose en el libro The Nazi and the Psychiatrist de Jack El-Hai. Y ciertamente tiene sus momentos con las actuaciones estelares de Russell Crowe y Rami Malek, pero, en general, es un drama judicial que se vuelve algo convencional revisando la historia criminal de los nazis con su discurso sobre derecho internacional, frecuentando lugares comunes que me obligan a cuestionar, en más de una ocasión, las debilidades estructurales de su guion. Su trama, ambientada después de que la Alemania nazi se rindiera ante los Aliados en 1945, sigue a Douglas Kelley, un psiquiatra del Ejército estadounidense que tiene la tarea de evaluar la salud mental del Reichsmarschall Hermann Göring con ayuda del sargento Howard Triest como traductor, mientras el juez Robert H. Jackson establece los preparativos de los juicios de Núremberg, un tribunal internacional para juzgar a los líderes nazis acusados de crímenes de guerra. En términos generales, la narrativa tiene un comienzo que me resulta interesante, en principio, por la manera en que se ajusta a las fórmulas del drama legal y el biopic histórico, a menudo mezclado con escenas de material de archivo que complementan el asunto con imágenes de documental. Su estructura narrativa, no obstante, es algo irregular porque el guion de Vanderbilt no se toma la molestia de desarrollar a los personajes fuera de las descripciones banales de sus motivaciones, manteniendo sus acciones sobre una capa de situaciones rutinarias que impulsan el conflicto con una exposición de diálogos a puerta cerrada. Por tal razón, permanezco en estado de abulia al ver las escenas que se distribuyen entre las conversaciones de Kelley y Göring sobre las confidencias del nazismo; las intenciones del juez demócrata Jackson para instalar una corte internacional que sirva como ejemplo para sentenciar a criminales de guerra como Rudolf Hess; la asistencia que Kelley recibe del sargento que es intérprete alemán; el plan de Kelley para usar sus notas de las interacciones con Göring para escribir un libro; la apertura del Tribunal Militar Internacional de Núremberg en el que los nazis son juzgados por crímenes de lesa humanidad. Las escenas avanzan a un ritmo fluido que mantiene la cohesión del relato, aunque la urgencia dramática suele disminuir por los tropiezos narrativos de subtramas innecesarias. A pesar de esto, uno de sus mayores aciertos reside en las interpretaciones del reparto. Crowe se roba todas sus escenas al ofrecer una encarnación matizada de Göring que se beneficia de su registro expresivo para interpretarlo como un hombre carismático, manipulador y cínico, transmitiendo con convicción una complejidad que oscila entre la arrogancia narcisista y lapsos de vulnerabilidad calculada, sin caer en la caricatura cuando usa el maquillaje sobre su rostro. Malek, por su parte, interpreta a Kelley como un psiquiatra obsesionado con desentrañar la psique nazi, cuya frialdad analítica va erosionándose, aunque su personaje es mayormente unidimensional. Con la dinámica entre ambos, hay coloquios psicológicos interesantes que funcionan para construir un texto político sobre la eficacia limitada de la justicia transicional y la banalidad del mal institucionalizada desde la ética nacional, aunque incurre a simplificaciones morales al revisar el horror del Holocausto como intento de “diagnosticar” la maldad sistemática. Al margen de las limitaciones, Vanderbilt deposita su solvencia en una puesta en escena que subraya su atención al detalle en el diseño de vestuario, la reproducción auténtica de la época y, ante todo, las atmósferas frías y cálidas fotografiadas con elegancia por la cámara de Dariusz Wolski. Estos elementos le conceden autenticidad a la superficie didáctica, pero, por desgracia, son insuficientes para elevar el componente dramático sobre la deshumanización de la beligerancia.



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Ficha técnica
Título original: Nuremberg
Año: 2025
Duración: 2 hr 28 min
País: Estados Unidos
Director: James Vanderbilt
Guion: James Vanderbilt
Música: Brian Tyler
Fotografía: Dariusz Wolski
Reparto: Rami Malek, Russell Crowe, Michael Shannon, Leo Woodall, John Slattery, Richard E. Grant
Calificación: 6/10

En el siguiente artículo, hablo sobre las 5 mejores plataformas de streaming disponibles para ver películas gratuitas en familia en 2026. Toma nota.


Películas en familia


Con la creciente oferta de plataformas de streaming, elegir el servicio adecuado para disfrutar de una película en familia puede ser una tarea abrumadora. Afortunadamente, en 2026, varias plataformas ofrecen contenidos ideales para todas las edades. 


Ya sea que estés buscando comedias ligeras, aventuras emocionantes o películas animadas, estos cinco servicios destacan por su calidad y variedad de opciones para disfrutar en casa con tus seres queridos.


A continuación, el listado:



1. Disney Plus


Disney Plus


No es sorpresa que Disney+ encabece la lista cuando se trata de entretenimiento familiar. En 2026, el servicio sigue siendo un favorito indiscutible por su vasto catálogo que incluye clásicos animados como El rey león, Toy Story y Pinocho. Además, con los estrenos recientes y la creciente expansión del universo de Star Wars, Disney+ garantiza horas de diversión sin preocupaciones. Para aquellos que prefieren contenido educativo, hay varias series para toda la familia que brindan lecciones de vida con el característico toque Disney.



2. Netflix


Netflix


Aunque es conocido por su vasta oferta de contenido original, Netflix sigue manteniendo su relevancia para el público familiar. Películas como El irlandés o Bestias sin nación son perfectas para una noche de cine en casa. Además, Netflix ha intensificado su enfoque en la producción de películas familiares, estrenando títulos exclusivos que combinan humor, terror, crimen, drama y aventuras. Los controles parentales personalizados también permiten a los padres asegurarse de que los más pequeños vean contenido adecuado.


3. Apple TV+



Apple TV+


Apple TV+ ha emergido como una plataforma sólida para el entretenimiento familiar, destacándose por sus producciones originales. Películas como Wolfwalkers y Los asesinos de la luna han recibido elogios tanto del público como de la crítica. Para el 2026, Apple TV+ continúa lanzando nuevas series y películas que atraen tanto a niños como a adultos. Además, la calidad de imagen y sonido de la plataforma es sobresaliente, lo que hace que cada visualización se sienta como una experiencia cinematográfica en casa.



4. HBO Max



HBO Max


A pesar de ser más conocida por su contenido para adultos, HBO Max ha estado apostando por su oferta con títulos como El origen, Gravedad, y Harry Potter y las reliquias de la muerte 2. La combinación de películas animadas y franquicias clásicas hace de esta plataforma una excelente opción para ver en familia. Además, HBO Max ofrece documentales y series animadas de calidad que son tan atractivas para los padres como para los niños.




Amazon Prime Video destaca por su mezcla de producciones originales y un extenso catálogo de películas de estudios reconocidos. Las películas que ofrecen son ideales para toda la familia.  Además, la posibilidad de alquilar o comprar películas fuera del catálogo le da una ventaja adicional, permitiendo acceso a los últimos estrenos familiares sin necesidad de suscripciones adicionales.



Y, por último 


En 2026, las familias tienen una amplia gama de opciones de streaming para elegir, y cada plataforma ofrece algo único. Disney+ sigue siendo el rey del contenido familiar, pero servicios como Netflix y Apple TV+ han elevado su oferta con películas y series originales que cautivan a todos. HBO Max y Amazon Prime Video no se quedan atrás, ofreciendo títulos variados y accesibles para distintos gustos y edades. Hay, desde luego, otros servicios como Hulu, Paramount+, y hasta Filmin y Mubi con sus respectivos catálogos de cine arte para una audiencia más especializada, pero estos que he mencionado más arriba son los principales al momento de escribir estas líneas. Así que, la próxima vez que busques una película para ver en casa con los tuyos, cualquiera de estas opciones será una excelente elección.



Si te interesa, lee nuestro artículo sobre las 5 cosas que debes comprar en Amazon para ver las películas en familia.



Te amaré eternamente

La correspondencia es una película que representa, lamentablemente, uno de los puntos más bajos que he podido ver en la filmografía de Giuseppe Tornatore. Tras pasar dos largas horas, me doy cuenta de inmediato por qué no me llamaba la atención cuando la pasé por alto en el momento de su estreno porque, a decir verdad, me parece un thriller romántico superficial e insoportablemente aburrido de Tornatore, en el que ocurren muy pocas cosas reveladoras fuera de los envíos de correos electrónicos entre Olga Kurylenko y Jeremy Irons, dejándome con una sensación de abulia que me hace cuestionar, en más de una ocasión, en qué estaba pensando el director para escribir semejante guion. Su trama sigue a Amy Ryan, una estudiante de doctorado que trabaja como doble de acción y que, tras una relación amorosa con el profesor de astrofísica Ed Phoerum antes de su muerte repentina, recibe mensajes póstumos —cartas, vídeos, correos electrónicos— que este había preparado para guiarla en su aflicción y en su vida futura. En un principio, esta premisa narrativa es particularmente original cuando sintetiza las fórmulas del drama y el thriller romántico, donde la persona afectada por el desamor trata de solventar dilemas personales en medio de la incertidumbre. El problema central, sin embargo, reside en que el guion no se toma la molestia necesaria para desarrollar a los personajes que presenta más allá de las motivaciones que justifican su aparición, manteniendo sus acciones en una inercia de situaciones rutinarias que nunca escapa de la estructura circular que se queda estancada en una sucesión fatigosa de mensajes recibidos y reacciones cursis frente a la laptop. Por tal razón, soy incapaz de sentir algo por el barullo que surge de la obsesión de Amy para resolver el enigma de los videos y los mensajes en la computadora dejados por el profesor que una vez amó; la labor de Amy como doble de riesgo que ejecuta escenas arriesgadas en los rodajes de películas de acción; la investigación de Amy como si fuera detective para rastrear las pistas de los paquetes recibidos con su teléfono móvil y la computadora portátil; el plan de Amy para comenzar a filmarse confesando cosas de sí misma y su pasado familiar frente a la cámara como si le enviara mensajes de despedida al difunto Ed. Entre todo esto no hay giros ni revelaciones sorpresivas por los facilismos que arreglan el conflicto. Las escenas redundantes pierden ritmo porque, entre otras cosas, se limitan a la circularidad que repite esencialmente el mismo esquema: Amy duda, sufre, recuerda y finalmente acepta una nueva lección de vida al leer las correspondencias que la ayudan a superar el dolor; en un ejercicio carente de pulso dramático que solo funciona en la superficie para elaborar un discurso sobre el duelo, la memoria y la perduración del amor en medio de la incomunicación en la era digital. Las interpretaciones agravan los problemas. Kurylenko, actriz de presencia física indudable, ofrece aquí una actuación rígida y monocorde al interpretar a Amy con un registro expresivo que se mueve entre la estupefacción perpetua y el llanto contenido, sin que logre transmitir matices emocionales convincentes. Irons, por su parte, aparece desperdiciado en contadas secuencias (la mayoría grabadas en cámara de video) y, aunque conserva su elegancia habitual, su rol se reduce a una voz en off didáctica y aforística. La química entre ambos, indispensable en una historia de pasión desbordada, resulta prácticamente inexistente. Desde el punto de vista formal, Tornatore suele encuadrarlos en una puesta en escena genérica en la que apenas hay hallazgos estéticos lejos del uso del sobreencuadre, la fotografía urbana de Fabio Zamarion y la banda sonora olvidable de Ennio Morricone, en una de sus últimas colaboraciones con el director. Lo demás, por desgracia, termina siendo como un telefilme melodramático bastante pretencioso sobre el amor, la superación personal y la aceptación de la muerte.



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Ficha técnica
Título original: Correspondence (La corrispondenza)
Año: 2016
Duración: 2 hr 02 min
País: Italia
Director: Giuseppe Tornatore
Guion: Giuseppe Tornatore
Música: Ennio Morricone
Fotografía: Fabio Zamarion
Reparto: Jeremy Irons, Olga Kurylenko, Shauna Macdonald
Calificación: 4/10
Love

En Love, el director francés Gaspar Noé retoma su poética de lo erótico con el objetivo, supongo, de transgredir las normativas establecidas para las escenas de sexo no simuladas. Su metraje de dos largas horas me inducen a razonar lo necesario como para saber que es un drama erótico de Noé que presenta cierto compromiso físico de Karl Glusman y Aomi Muyock, pero su narrativa superficial sobre deseo sexual y amor autodestructivo simplemente carece de impacto como para tomar en serio sus pretensiones rupturistas de gratuidad pornográfica. Su trama sigue a Murphy, un egocéntrico aspirante a cineasta residente en París que, mediante un mensaje de voz, se entera de que su examante, Electra, lleva tres meses desaparecida; algo que lo obliga a reflexionar sobre la relación pasada que tuvo con ella, mientras también lidia con las responsabilidades paternales en el pequeño apartamento que comparte con su pareja danesa, Omi, y su hijo Gaspar. En términos generales, la narrativa tiene un arranque que me interesa, hasta cierto punto, por la manera en que Noé emplea una estructura no lineal que se sintetiza con largos raccontos sobre las claves del drama erótico y el romance oscuro. El problema fundamental, sin embargo, es que el guion no se toma la molestia de desarrollar a los personajes lejos de sus motivaciones unidimensionales, manteniendo sus acciones en una circularidad de situaciones expositivas que, a menudo, pierde su rastro entre diálogos inanes y sexo explícito a puerta cerrada, sin que se sepa mucho sobre ellos fuera de la deconstrucción del vínculo sentimental. En este sentido, permanezco impávido frente a las escenas de la depresión de Murphy como un hombre afectado por la mujer perdida y el desapego hacia su familia; las conversaciones entre Murphy y Electra en el parque; los encuentros sexuales en la habitación entre Murphy y Electra; el ménage à trois puesto en práctica cuando Murphy y Electra invitan a Omi para que se una a la experiencia; el coito practicado por Murphy en el que rompe un condón penetrando a Omi y la deja embarazada; los instantes de celos que desestabilizan a Murphy y Electra; las noches de éxtasis donde Murphy y Electra recurren a infidelidades; la visita a un club nocturno en la que Murphy y Electra pagan por una orgía; la codependencia surgida cuando Murphy se vuelve posesivo con Electra. Todo luce demasiado redundante en su exhibicionismo sobre amor, drogas y sexo. Como es habitual, Noé reduce el barullo a una síntesis discursiva que, en esta ocasión, interroga la inevitabilidad del deseo en las decisiones amorosas, entendido como el arrepentimiento de un hombre inmaduro que canaliza la frustración interna de una ruptura refugiándose en el dolor de no olvidar a la mujer que verdaderamente ama, donde los recuerdos íntimos fragmentados tratan de mitigar la pérdida inducida, entre otras cosas, por la infidelidad, el sexo desenfrenado y la pasión obsesiva. Este texto, por añadidura, dialoga sobre el trágico paso del tiempo en los enredos románticos, presentando el amor como un ciclo volátil que erosiona la estabilidad personal al surgir irracionalmente entre la idealización, la posesión y la destrucción. Sin embargo, todo permanece en un sitio acomodaticio que solo responde a las obviedades sobre el eros. Las interpretaciones de Glusman y Muyock demuestran cierta pericia física para expresar con autenticidad su representación cruda del sexo, aunque ambos interpretan a personajes huecos que solo rellenan escenas con su falta de complejidad psicológica. Noé suele encuadrarlos con una estética que trata de dimensionarlos a través del plano fijo, la elipsis, el fuera de campo, el primer plano, el plano subjetivo, el sonido diegético, el picado-contrapicado, el uso del color y el encuadre móvil que, a veces, tratan de dimensionar la intimidad de los personajes en entornos urbanos. Estos elementos, por desgracia, no son capaces de sacar su narrativa de una espiral reciclada de genitales, eyaculaciones y cuerpos desnudos al servicio del erotismo.



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Ficha técnica
Título original: Love
Año: 2015
Duración: 2 hr 15 min
País: Francia
Director: Gaspar Noé
Guion: Gaspar Noé
Música: 
Fotografía: Benoît Debie
Reparto: Karl Glusman, Aomi Muyock, Klara Kristin, Benoît Debie, Gaspar Noé
Calificación: 5/10
Cuestión de tiempo

Cuestión de tiempo es una película de Richard Curtis que recupera los viejos tropos de los viajes temporales con la finalidad, supongo, de explorar la valoración de lo cotidiano y las pequeñas alegrías de la vida. Su duración de dos horas, en cierta medida, me induce a pensar lo suficiente como para saber que, como comedia romántica, presenta un concepto original sobre viajes en el tiempo con la química palpable entre Domhnall Gleeson y Rachel McAdams, pero su asunto fantasioso sobre familia y amor se vuelve demasiado superficial en el trayecto, quedando en una zona acomodaticia que simplemente me quita todas las ganas de alegrarme por lo que sucede en cada escena. Su trama sigue a Tim Lake, un muchacho que disfruta de los días familiares en una casa del lago en la que comparte con su padre James, su madre Mary, su tío Desmond y su hermana menor Katherine ("Kit Kat"); pero cuya vida, después de una fiesta, da un giro cuando su padre le dice que los hombres de su familia pueden viajar en el tiempo a eventos que ya vivieron —siempre y cuando estén en un armario oscuro y recuerden con precisión el momento al que desean regresar—, algo que aprovecha al mudarse a la ciudad en busca de oportunidades profesionales como abogado, donde usa dicha habilidad mágica para mejorar la conquista de Mary, una estadounidense de la que se enamora perdidamente. En general, esta premisa me resulta interesante, en un principio, por la manera en que se mezclan las fórmulas habituales del drama romántico con la comedia de alto concepto, donde el tropo del viaje temporal funciona como resorte para hilvanar la estructura narrativa. El inconveniente, sin embargo, es que el guion de Curtis no se toma la molestia de ampliar el desarrollo de los personajes más allá de las motivaciones personales, reduciendo el conflicto a una circularidad de situaciones predecibles que, a menudo, termina estropeando la idea conceptual del armario del tiempo entre dilemas familiares y relaciones de pareja, sin que se abra el espacio necesario para interrogar sus acciones fuera de las trivialidades más obvias. Por tal razón, permanezco en cierto lapso de abulia al atestiguar las maniobras de Tim para ganarse el corazón de Mary entrando y saliendo del closet temporal; las conversaciones de Tim con su padre sobre los límites del viaje del tiempo; la vida matrimonial que llevan Tim y Mary al cuidado de sus hijos; los regresos de Tim para salvar a su hermana de un accidente automovilístico; los viajes en el tiempo de Tim para pasar más tiempo con su padre enfermo. Las escenas, por añadidura, se tornan un poco aburridas porque, entre otras cosas, se limitan a repetir la rutina de un hombre que viaja en el tiempo por la necesidad exclusiva de corregir errores románticos, perfeccionar su matrimonio y, además, reconciliar los problemas familiares, funcionando solo como una metáfora cursi sobre el valor de apreciar los momentos de la vida. Al margen de esto, Gleeson y McAdams demuestran su compromiso para arrojar intimidad en las escenas de pareja, logrando cierta autenticidad en la dinámica de la relación sentimental de sus personajes, aunque ellos a la vez quedan solo como figuras superficiales de las que se sabe poca cosa lejos de las descripciones decorativas de amor verdadero y experiencias alteradas. Curtis, por lo menos, se dispone a encuadrarlos en una puesta en escena competente que se beneficia, hasta cierto punto, del uso de la elipsis y el flashback para montar las repeticiones temporales en las caminatas por la playa, desayunos familiares, bailes torpes; todo bañado por una fotografía bonita de John Guleserian que lo confiere un aspecto fabulesco y cálido al encanto británico de las escenas de la ciudad o en la residencia campestre a plena luz del día. Lo demás, en su reflexión ingenua sobre el tiempo y el amor, me parece bastante olvidable.



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Ficha técnica
Título original: About Time
Año: 2013
Duración: 2 hr 03 min
País: Reino Unido
Director: Richard Curtis
Guion: Richard Curtis
Música: Nick Laird-Clowes
Fotografía: John Guleserian
Reparto: Domhnall Gleeson, Rachel McAdams, Bill Nighy, Lydia Wilson, Lindsay Duncan, Richard Cordery
Calificación: 5/10