Confesiones de un espía nazi es una película de Anatole Litvak que supone, en cierta medida, una de las primeras producciones de un estudio de Hollywood en abordar explícitamente la propaganda antinazi, estrenándose incluso pocos meses antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial en el continente europeo y dos años antes de la entrada oficial de Estados Unidos en la conflagración. Está basada en una serie de artículos sobre las redes de espionaje nazi escritos por Leon G. Turrou, así como en algunos fragmentos del caso de espionaje Rumrich. Y me parece que tiene un comienzo interesante al combinar elementos cuasi-documentales con un melodrama de suspense político, pero, en general, su narrativa es demasiado plana y superficial como para tomar en serio su premisa rebuscada sobre nazis, donde la presencia de Edward G. Robinson no es suficiente para elevar una intriga que desaparece como las páginas de un periódico en la acera. Su trama, ubicada en Nueva York durante el año 1937, sigue primero las actividades de Kurt Schneider, un desempleado insatisfecho que anhela convertirse en espía luego de escuchar el discurso nacionalsocialista del Dr. Karl Kassel en un evento para el público germano-estadounidense, donde se dispone a robar información clasificada del ejército para entregarla a un oficial naval nazi llamado Franz Schlager; pero cuya agenda se ve estropeada por la intervención de Edward Renard, un veterano agente del FBI que investiga las redes de espionaje nazi. En términos generales, la narrativa se esquematiza como un drama político que integra algunas fórmulas del cine policial y el thriller de espionaje para acercarse a las claves del documental, que es relatado por la voz en off de un narrador en silueta que describe los acontecimientos históricos. El problema fundamental, no obstante, es que el guion estropea el desarrollo de los personajes al mantenerlos colocados, a menudo, en una circularidad de situaciones predecibles que entorpece cualquier posibilidad de ampliar sus motivaciones a nivel psicológico, quedando como figuras acartonadas que subordinan sus acciones al panfleto político. Litvak opta por un enfoque propagandístico dúctil, que abandona cualquier pretensión de complejidad dramática, bajo una estructura circular que carece de cohesión estableciendo los hilos del conflicto abiertamente panfletario. Todo se convierte en una sucesión previsible de interrogatorios, arrestos y confesiones que se resuelven con excesiva facilidad. La primera mitad se centra en las actividades de los espías nazis arregladas sobre los intentos de Schneider para robar códigos secretos; las diatribas fascistas de Kassell frente a un grupo de fanáticos nazis que idolatran al führer; las reuniones clandestinas de Schlager para organizar los planes de sabotaje a instalaciones militares. La segunda mitad se prolonga sobre la investigación de Renard para rastrear la evidencia que documenta la infiltración de los nazis y arrestar a los sospechosos luego de la confesión detallada de los espías alemanes bajo custodia. La falta de gancho ocurre, entre otras cosas, porque los villanos nazis son retratados como arquetipos unidimensionales de maldad caricaturesca y los agentes del FBI, por su parte, son los policías convencionales que solucionan el caso sin inconvenientes. Las actuaciones no logran compensar estas carencias, pero, al menos, Robinson ofrece su habitual intensidad contenida con la mirada y el diálogo de hombre duro, aunque su personaje está escrito de una manera monolítica en la que apenas hay espacio para conocerlo. El resto del reparto es olvidable. La dirección de Litvak, por añadidura, es funcional al encuadrarlos en una puesta en escena que subraya las inquietudes de los personajes sobre el primer plano, la elipsis, la iluminación artificial y el montaje ecléctico que mezcla escenas dramáticas con el material de archivo de noticieros reales sobre la amenaza de Hitler. Estos ornamentos, en resumen, sirven como un ejercicio de autoafirmación patriótica en el contexto de aislacionismo estadounidense previo a la guerra, pero, desgraciadamente, no impiden que, como docudrama, escape de la zona de confort de la advertencia alarmista.
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Ficha técnica
Año: 1939
Duración: 1 hr. 44 min.
País: Estados Unidos
Director: Anatole Litvak
Guion: Milton Krims, John Wexley
Música: Leo F. Forbstein, Max Steiner
Fotografía: Sol Polito, Ernest Haller
Reparto: Edward G. Robinson, Francis Lederer, George Sanders, Paul Lukas, Ward Bond
Calificación: 5/10






