Finis Terrae es una película muda del cine impresionista francés que, en cierta medida, refleja la poética del realismo fotogénico de Jean Epstein, distanciada de los horizontes estéticos previamente establecidos por La caída de la casa de Usher (1928). Funciona como un drama realista que, debajo de la simplicidad del relato mudo sobre pescadores, manifiesta con cierta sobriedad la aproximación documental y lírica de la estética Epstein, logrando escenas de marcado realismo que se vuelven emotivas con un reparto de actores no profesionales. Su trama se centra en cuatro hombres que parten hacia la desolada isla de Bannec para recolectar goémon durante la temporada estival y venderla a buen precio en el mercado, pero sus vidas cambian cuando los dos pescadores más jóvenes, Ambroise y Jean-Marie, se pelean por una botella de vino rota que desencadena una crisis —una herida infectada en el pulgar de uno y el prejuicio del otro que piensa que le ha robado su cuchillo— que interrumpe la jornada del trabajo cuando uno de ellos cae enfermo; mientras en la isla de Ouessant las madres viudas de los jóvenes, preocupadas por una columna de humo lejana, piden ayuda a un médico del faro para que vaya al islote tan pronto como baje la marea. En lo particular, esta premisa narrativa tiene un inicio interesante que, con sencillez, se estructura como un drama emparentado con el documental al mostrar la rutina diaria de los pescadores en la playa. El guion ajusta el desarrollo de los personajes a un epicentro situacional que, a menudo, reduce sus acciones al conflicto interpersonal que debe resolverse, pero sirve adecuadamente porque se toma la libertad de colocarlos en escenas impredecibles, además de que consigue estructurar sus motivos a través del entorno y de los intertítulos que arrojan información sobre su pasado. A través de un montaje paralelo que cohesiona la narración a un ritmo parsimonioso, las escenas dramáticas se presentan como un documental reconstruido, interpretado por los propios habitantes de la región: pescadores y recolectores de algas que no actúan, sino que, más bien, reviven su existencia cotidiana. Epstein alterna ritmos lentos y contemplativos con aceleraciones súbitas en la métrica de las escenas, creando una temporalidad intersubjetiva que evoca el estado psicológico de los personajes atrapados por la incertidumbre y la fragilidad humana frente a la inmensidad del mar, además de construir un discurso dialéctico sobre la relación del hombre y la naturaleza, desde la perspectiva de unos muchachos que aprenden el valor de la cooperación mutua con su fuerza de voluntad. Pero, asimismo, imprime aquí su concepto de fotogenia, esa cualidad única del cine que permite revelar la esencia poética de lo real mediante lo filmado, experimentado bajo una serie de dispositivos estéticos como el uso del ralentí, la elipsis, el sonido inaudible, el campo-contracampo, el fuera de campo, el plano subjetivo, la sobreimpresión, el picado-contrapicado, el sobreencuadre, el primer plano y, ante todo, las atmósferas magnificadas por el gran plano general de los paisajes costeros en los que el ser humano aparece diminuto en un ecosistema que lo supera ampliamente. Lejos de buscar el virtuosismo técnico por sí mismo, el director emplea recursos formales con una precisión que, entre otras cosas, añade autenticidad a su capa de realismo áspero y onirismo marítimo, obligando a que uno mismo contemple en cada plano los detalles que normalmente escapan a la mirada cotidiana como el movimiento de las olas, el dedo cortado, las miradas de los rostros o el gesto de una mano; donde el mar deja de ser mero fondo para convertirse simbólicamente en un organismo vivo, dotado de respiración propia, mientras las rocas inmutables contrastan con la fluidez incesante del agua. Todos estos elementos constituyen, en última instancia, un testimonio conmovedor de la fotogenia como experimento formal que, en su síntesis imagética, encuadra literalmente el fin de la tierra y el comienzo de una forma de mirar el mundo.
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Título original: Finis Terrae
Año: 1929
Duración: 1 hr 20 min
País: Francia
Director: Jean Epstein
Guion: Jean Epstein
Música: N/A (muda)
Fotografía: Joseph Barthes, Goesta Kottula
Reparto: Gibois, Jean-Marie Laot, Malgorn, François Morin, Ambroise Rouzic
Calificación: 7/10











