Furia de titanes es una película de Louis Leterrier que yo, oportunamente, nunca pude ver cuando se estrenó hace unos 15 años con una recepción en la taquilla que la convirtió en una de las más taquilleras de 2010. No sé por qué la pasé por alto en aquella ocasión, pero ahora, tras pasar más de hora y media consumiendo sus imágenes para sumarme a la conversación tardía, asumo que la hubiese recibido de la misma forma si la hubiera visto en aquellos años. Como épica fantástica ofrece un derroche de secuencias de acción con CGI cutre y una clase de mitología gratuita sobre dioses griegos, pero, en general, es tan plana como una piedra tallada con la cabeza de Medusa, con un héroe insípido que solo me invita a pensar, en más de una ocasión, que Sam Worthington es un pésimo actor. El argumento tiene como protagonista a Perseo, un hombre que, luego de ser testigo de la muerte de su familia en manos de las Furias controladas por Hades, se une a unos soldados de la ciudad de Argos que le declaran la guerra a los dioses, con la finalidad de buscar una manera de derrotar al Kraken y desafiar a los creadores. En términos generales, la narrativa se ensambla siguiendo las pautas convencionales de la aventura péplum de fantasía, en las que el héroe mitológico emprende un largo viaje junto a sus colegas y se enfrenta con su espada los diversos enemigos que obstaculizan su camino. El problema fundamental, no obstante, es que los personajes carecen de desarrollo más allá de las descripciones baladíes de los estereotipos mitológicos y sus acciones, por lo regular, se reducen a una serie de situaciones fáciles que se resuelven de una manera descaradamente predecible, además de escupir unos diálogos inanes que dicen más de los guionistas que de ellos mismos. En este sentido, no hay ninguna sorpresa cuando observo los facilismos de la odisea de Perseo, Io y los guardias reales liderados por Draco cuando pelean contra el corrompido Acrisio en un bosque, los escorpiones gigantes del desierto y la gorgona Medusa que reside en el Inframundo. Hasta sin el ojo de las Brujas Estigias se sabe lo va a pasar cuando los héroes son obstaculizados por los secuaces del malvado Hades y Perseo descubre nuevas habilidades mientras carga su espada legendaria y se monta sobre el Pegaso negro. Las secuencias de acción permanecen estacionadas en una ausencia de fuerza que no me engancha y solo me produce una sensación de abulia cuando veo desperdiciarse a unos actores talentosos. Worthington no me parece que sea creíble como el heroico guerrero que es el semidiós elegido, y en muchas escenas se nota sus carencias expresivas y su oxidada pericia física, además de que no tiene nada de química con Gemma Arterton. Ralph Fiennes, por el contrario, sí evoca una presencia malévola y siniestra como Hades. A esto se suma, de igual modo, unos efectos visuales acartonados que me obligan colocar la mano en la cabeza cuando soy testigo del pobre renderizado de la pirotecnia aparatosa y los monstruos mitológicos. Leterrier, por lo menos, se preocupa por añadirle autenticidad al vestuario y a los escenarios que reproducen los templos antiguos, junto con unos cuantos planos panorámicos que son de mi agrado. Pero nada de esto evita, sin embargo, que la epopeya mitológica se desplome como el Kraken petrificado en el golfo de Argos.
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Título original: Clash of the Titans
Duración: 1 hr. 46 min.
País: Estados Unidos
Director: Louis Leterrier
Guion: Travis Beacham, Phil Hay, Matt Manfredi
Fotografía: Peter Menzies Jr.
Reparto: Sam Worthington, Mads Mikkelsen, Liam Neeson, Ralph Fiennes, Gemma Arterton, Liam Cunningham
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